lunes, 24 de noviembre de 2008

Todos somos libros, apuntes para una "Edición de autor”




Para los que no supieron, los que no pudieron ir, y los que fueron, pero se lo pasaron viendole las piernas a la lolita de la primera fila (sic) aquí el texto que tuve el valor de leer, y ahora, en un desplante de heroismo, me atrevo a publicar.


Para los que no supieron, el viernes pasado, presentamos acá, en mi pueblo, el último libro de Ignacio Martín, Edición de autor.


No puedo dejar de felicitarte hermano, no sé cuántos libros se vendieron, pero espero que las risas del público y la Sharon Stone diazmironesca hayan sido de su agrado.




Salud.




Todos somos libros, apuntes para una “Edición de autor”
Texto para la presentación del libro Edición de autor, de Ignacio Martín
Indira Broca

Este texto no iba a comenzar así. De hecho, el inicio que les tenía preparado, era la anécdota graciosa de cómo se dio el que yo estuviera aquí hoy, hablándoles de este libro, “Edición de autor”. Pero buscando entre algunos textos que Ignacio Martín me ha mandado en el tiempo que tengo de cultivar la entrañable amistad que nos une, me encontré con una ponencia que tuvo a bien enviarme para que le echara un ojo hace algunos meses, por lo que será el propio autor el que nos dé la introducción de este texto.
Refiriéndose a un poema de Ángel González; escribe:

Cuando leo algo así, tan sencillo, un texto tan fácilmente comprensible, al menos en un nivel básico, se me vuelve un gozo y una aspiración: me encantaría llegar a ese lugar, quiero que alguien, uno solo, sienta cuando lea algo mío, la mitad de lo que yo sentí la primera vez que leí el “Para que yo me llame Ángel González.” El gozo de formar parte de una conversación, quizá milenaria, de ser parte de un todo, metafísico, esotérico, qué se yo; de un todo al que pertenecen... Pongan ustedes los nombres, no vayamos a caer en alguna polémica gratuita e innecesaria.
La aspiración, por supuesto, sería la de pasar a formar parte de ese parnaso, escribir algo que a alguien le provoque eso mismo, lo atraiga a ese agujero negro de las almas que algunos llaman dios y otros poesía, cuando probablemente sea ambas cosas.

Quise comenzar con esta cita, porque lo que dice Ignacio sobre ese diálogo es quizá, el más importante de los catalizadores de su vida y, por tanto, de su obra. No sé hasta dónde podrá colarse en las líneas de la historia, pues ésta es siempre tramposa, y juega a que se le olvidan los eventos, ¿o será que se le olvidan al que la cuenta?; lo que sí sé es que la continuación de este dialogo la hacemos todos, los que la escuchamos, la leemos, y algunos que hasta nos atrevemos a escribirla.
La literatura es parte del deseo del hombre por conseguir la inmortalidad; y yo coincido en esto; pues como dicen, no muere lo que no se olvida, y la única forma de que la historia no se nos vuelva en contra, es recordándola, comparándola y enriqueciéndola.
Por esto, ahora sí, voy a comenzar platicándoles de la experiencia como lectora, que ha sido para mí acercarme a los libros de Nacho, por lo qué sabrán disculparme si me tomo un par de minutos para comentarles un poco de su obra poética.
Quiero decir que su poesía es, sin duda, una de las voces más propias con las que me he topado en mi experiencia como lectora. Ignacio es un poeta que no escribe su poesía, sino que nos la cuenta, es imposible no escucharlo cuando leemos alguno de sus libros, no cuestionarnos, no sentirnos noqueeados (sé que Cortázar inmortalizó la metáfora en torno a un buen cuento, pero Ignacio, al contarnos su poesía, nos cuenta también una anécdota, que es, a su vez, anécdota de muchos. Por lo que vale la metáfora boxística).
Edición de autor es el tercer libro publicado de Ignacio. Permítanme hacer una breve contextualización del autor con sus anteriores libros.
Pocos saben, pero Ignacio comenzó escribiendo sonetos, hace ya algunos años, hasta llegar al libro que hoy nos congrega, Edición de autor. Con esto nos podemos dar cuenta del profundo respeto que le tiene a la palabra, a esa herramienta que usamos para comunicarnos; pero también de cómo se deben de romper las reglas: con pleno conocimiento de causa.
Su primer libro, Con toda la intención, es un libro de poemas que nos lleva de la nostalgia a la risa, a un recuerdo que no nos deja llorar, al contrario, nos invita a la sonrisa. Nos muestra el exilio como decisión, no como salida, nos acerca a las preguntas, a la vida.
Función negra, su segundo libro, desde mi perspectiva, es un libro de poemas en prosa, aunque sí, también es novela; abunda en los recuerdos, es un homenaje al poeta Julio Vélez, a Vallejo, pero también a Arreola, a sus maestros y a sus amigos. Pero ese exhibicionismo, tiene toda la maña, la trampa, de buen escritor, pues la anécdota personal, esconde, o no esconde, sugiere, el viaje que representa la madurez, ese viaje que es la búsqueda y el reconocimiento de la lucidez.
Estos dos libros, son, a su vez, distintos y hermanos, ajenos y parte de un todo, Pues Ignacio no se conforma con escribir libros, sino que (y esto puede ser en parte respuesta a lo que apuntamos al principio: la idea de que “todos somos libros” y al serlo, y dialogar entre nosotros; por fuerza, debe haber un diálogo entre los libros de papel), los libros de Ignacio tienen ese diálogo, es frecuente encontrarnos poemas o fragmentos de un libro, en otro. Entrelazando eslabones de una cadena que es la obra de este poeta.
Así, Con toda la intención, puede ser tomado como la génesis, los cimientos del que será su camino poético: el comienzo, el descubrimiento del ser, de que también se vive en la nostalgia pero el camino se tira hacia adelante. Función negra sería un flash back, como en el cine, un regreso a los momentos que marcarán, el resto del viaje, de la trama.
Edición de autor, podría ser el más distante de este diálogo, en apariencia, por el tono irónico y la determinación de jugar (que no es lo mismo que romper) con los esquemas y los cánones. Sin embargo, sigue siendo tramposamente autobiográfico, como Función negra, y nostálgico y desenfadado como Con toda la intención.
Cosa que no les he contado es que Ignacio, aparte de ser poeta, es filólogo, o sea, que tiene una ventaja: sabe de lo que habla. Por esto, Edición de autor es doblemente engañoso, algo que les comentaré más adelante.
Hablar de Ignacio es, también, hablar de Julio Vélez, poeta español, injustamente ignorado por la historia, como muchos otros; y a su vez, recordar a Vallejo.
Como escribe Anthony L. Geist, en el prólogo de Julio Vélez. Obra Poética, refiriéndose al pensamiento de este último sobre Vallejo: “Julio solía explicar que hay poetas que son el principio de un camino y otros que son principio y fin de un camino único”. Aun cuando hay poetas que lo son, como Vallejo y el propio Julio, de algún modo lo es, Ignacio defiende la idea de que “todo es un libro, todos somos libros”.
Recordemos a Vallejo; en 1918, escribió en Los heraldos negros[1]; libro emblemático para el
Modernismo, sobre todo en Latinoamérica:
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo; y no saben
del Diciembre de ese Enero.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Hermano, escucha, escucha……….
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que mastico… Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.
Todos saben… Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda……………
Y no saben que el Misterio sintetiza………
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.
Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo,
grave.

[1] "Espergesia", en Los heraldos negros, Cesar Vallejo. Edición de divulgación basada en la de Ricardo González Vigil, ediciones Laberintos, 2007.

Ignacio toma el discurso nudista y reflexivo de Vallejo, el desafío de retar a los fantasmas, a la muerte. Y casi cien años después, nos regala su “Testamento”, y la lírica nostálgica, nos la devuelve como plegaria, astuta, naíf, y ciertamente, burlona cual calavera de día de muertos.
Que me convierta en polvo
y sea un buen polvo.

Que mi recuerdo sea más o menos yo.

Que no me duela a mí,
–que no les duela–
dividir mis cenizas:
allá en el Tormes
y acá en el Malecón
de Veracruz;
si no se puede, el Lago de Chapultepec.

Nada de cementerios, eso sí.

Que alguien recite la “Elegía”
y se escuche a Sinatra y su “My Way”.

Desde luego
y sobre todo,
que no ocurra mañana,
que pase mucho tiempo,
por favor.

Y que Sabina me le ponga música
si esto pudiera ser una canción.

Esta reflexión me lleva a una pregunta que es ya lugar común: si la poesía es forma o fondo. Yo diría que el autor nos invita a la reconciliación de ambos términos, partiendo de la poesía coloquial, manejada con sutil elegancia y desenfado, llevándola a un lirismo poco común, sus poemas nos recuerdan a las canciones de Javier Krahe, con una mezcla de anécdota, charla y música, que bien nos puede hacer soltar la carcajada, como ponernos trascendentes sobre la nostalgia.
Ignacio parte de la necesidad primera de cualquier persona que se aventura a profanar la hoja en blanco: la catarsis. El desahogo del ego y la decisión, muchas veces inconsciente para el hombre, mas no para el poeta, de contar algo: un suspiro, el instante del primer beso, o la orfandad elegida por cuenta propia.
Esta catarsis de la que les hablo, pasa forzosamente por un filtro: el cajón. La poesía de Nacho, además del sentido catártico y de exorcismo que nos golpea al comenzar la lectura, nos regala versos que reflexionan sobre el arte y la vida, sobre el miedo a la muerte y la búsqueda de la razón. Nos invita, pues, a buscar dentro de nosotros mismos las preguntas.
Otro tema central en el discurso poético del autor, es el oficio del escritor; y para repuntar lo que les comenté del dialogo entre sus libros, me voy a permitir citarles el poema con el que abre Con toda la intención, su primer libro.
POETA

Pues sí, escribo poesía:
hago versos;
hasta me gusta la rima,
jugar con el soneto y sus cadencias
y quitar
y poner…

Pero de eso a decir que soy poeta…

Además:
si ser poeta es ponerse medio místico,
hablar raro ―flor de juego floral—
foulard ahorcado de cuello vuelto horca;
hasta boina y camisa parisina
de marinero y con lamparones…

Ni madres.

Sigo escribiendo versos,
seguiré,
y que le den a lo de ser poeta.

Nos espeta una bofetada: su respeto por la poesía, la estética, el ritmo, la cadencia. El gusto por crear. Y siguiendo en el contexto, en Edición de autor, el mensaje se vuelve
MANIFIESTO

Dedíquense a vivir
y luego escriben.

Por Dios, no sean poetas.

O bueno, sí,
pero no vayan de ello, por favor.

Sólo así serán algo:
llegarán
a transmitir el sueño.
Ignacio nos engaña desde el título, que puede ser una provocación, pero también una invitación, pues el oficio de escribir, o el talento, no lo determinan las editoriales, sino los lectores, y a veces, la historia. Muchos temen a las ediciones de autor, como si se necesitara de alguna carta de naturalización o sello para garantizar el oficio.
Ignacio no sólo desafía esto, sino que nos lo vuelve papel, literalmente, para que nos sumemos a la creación.
Reflexiona, no sólo sobre el acto de escribir (tema recurrente en su obra) sino que también lo hace con el proceso de llevar al lector un texto; proceso que el autor convierte en poesía, en discursos que van de la risa al desconcierto, de la mofa al más profundo de los respetos, todo sin dejar de lado el engañoso exhibicionismo del que les hablé antes.
Entonces, Edición de autor es un discurso y una reflexión sobre el acto de crear, sí, pero también sobre el proceso que conlleva pasar de la creación a la divulgación, el proceso de lograr que una obra sea algo más que la catarsis del autor, y se convierta en lectura, para que entonces, se cierre el ciclo lógico de la escritura: comunicar.
Ignacio nos regala, pues, el proceso expresamente mercadotécnico, y nos lo convierte en poesía que, a su vez, busca tocarnos con preguntas sobre el hecho mismo de crear. Otra vez, cierra el círculo.
Más allá de que gráficamente, el libro sea un desafío y una provocación. El contenido poético, es, de igual forma, el medio por el que llega este desafío al terreno de la poesía, pues, de qué manera podríamos imaginarnos el estudio de mercado de un poeta sino desde la construcción metafórica de éste, tomando al lector como parte de la obra. Pero, como no se nos olvida que es poesía de lo que hablamos, y obvio, al autor tampoco, viene otra vuelta de tuerca: lo que podría ser una ironía, nos la convierte en un discurso melancólico sobre el hogar, sobre el pasado que inevitablemente nos acompaña. Los amigos, los lugares, las anécdotas y, por supuesto, los libros que forman la historia de este poeta, pero que también forman la de cada individuo que se acerque al texto.
El poeta, nos abre la puerta para más preguntas, que, como dijo Savater, la buena literatura hace preguntas, no da respuestas. Nos muestra su visión particular, como sólo se puede desde la poesía, pero nos regala, también, la posibilidad de encontrar significados íntimos, al reescribir, desde nosotros, la amistad, el acto de escribir.
Como ya dije, y recalco; este libro que hoy tengo en mis manos, es, sin duda, una muestra de lo que este poeta puede darnos; por ello, los invito a que escuchemos a Ignacio, que si al leerlo es inevitable escucharlo, tenerlo aquí para leernos, será un deleite.





4 comentarios:

IGNACIO dijo...

No sólo me emocionaste el día de la presentación, ahora lo publicas, para que se entere más gente. Gracias, de corazón, eres una gran mujer, amiga y poeta, por eso, esas palabras, viniendo de ti, valen aún más.
Besos y salud...
Nacho Martín
PD: ¿Cuál lolita de la primera fila?, chin, ni me enteré...

Indira BRoca dijo...

Hay amigo, lo de que no te enteraste de la rubia, ni tú te lo crees.
Pero bueno, yo sólo dejé el comentario en el aire.
Un beso, gracias por apoyar, como siempre, mis locuras y fumadas.
ahora, la feria del libro.

Anónimo dijo...

Queridos Indira y Nacho:

Un abrazo y felicitación a ambos por los textos (el poético y la presentación), cobijados por la amistad.

Un abrazo
Jorge Enrique Escalona

Indira BRoca dijo...

hol jorge, gracias por los abrazos, es un gusto saber de ti.
un beso

IV Encuentro Iberoamericano de Poesía

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Villahermosa, Tabasco.

En la presentación de De Triangulos Oscuros

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8 de marzo de 2008

lctura en Tulancingo, hidalgo, dentro del 2 encuentro de escritores realizado en esa ciudad

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