No me importan las costumbres
los días de guardar
las bienvenidas
los sonetos
no me importa la poesía que no vive en la vida del que la escribe
los consejos
me importa la vida
acaso
ocaso de la vida es lo que importa
Los momentos
los instantes
las rachas de suerte
buena o mala
el peligro y el azar
las discrepancias las luchas sin cuartel
Me importas tú
atado a mi cama con hilos deseo
amarres de insomnio compartido
lunes, 14 de julio de 2008
martes, 24 de junio de 2008
A Samantha

Llegaste sin saber
sin dar aviso
No me importa lo que digan los instantes
eres cielo en primavera
el orden para el caos de mis infiernos
mi anhelo sin espera
mi sueño sin recompensa
Cómo crearle flores al jardín
Tal vez por eso no te escribo
Y sin embargo eres mis tijeras
mi cajón mi musa
mi nostalgia
No eres futuro
ni presente
Vives y das vida al que te la regala
amor,
acierto y desventaja
Amor
sin dar aviso
No me importa lo que digan los instantes
eres cielo en primavera
el orden para el caos de mis infiernos
mi anhelo sin espera
mi sueño sin recompensa
Cómo crearle flores al jardín
Tal vez por eso no te escribo
Y sin embargo eres mis tijeras
mi cajón mi musa
mi nostalgia
No eres futuro
ni presente
Vives y das vida al que te la regala
amor,
acierto y desventaja
Amor
miércoles, 4 de junio de 2008
amigos, complices, colegas:
Ya sé que algunos se sorprenderán, otros se alegrarán, pero bueno, espero que todos, o la mayoría, puedan acompañarme a mi 'presentación en sociedad'; no se preocupen, puede haber fiesta, pero no son XV años, al menos no unos de pastel y baile, aunque, como ven en la invitación, hay quinceañera (yo, no es que me quite años, es para que funcione la metáfora), y chambelanes (mis presentadores, tres, más los que se acumulen).
Pues sí, presento un libro, un librito, una plaquette de poesía, Cocinas la tarde; me acompañaran amigos, pero que resulta que también la rolan de poetas, editores, cineastas, y van a hablar del libro (espero, y espero que no muy mal), y de mí (espero que...); y de poesía, sobre todo de poesía.
Y ahí va a estar Pellicer, y es viernes por la tarde, y la tarde va a estar rica... esperamos que el dios Tlaloc se apiade un poco y nos de tregua,
No sean... acompáñenme.
Gracias, los quiero.
Indira.
martes, 6 de mayo de 2008
Poemas sueltos
...
Cómo puedo escribir de amor
con tu llanto ensombreciéndome las musas
Yo comprendo que no entiendes
que no te importa
Sólo apelo a la cordura
a los momentos
en que me reconozco sola
Cómo quieres que te escriba un poema
si no me dejas inspirarlo
...
Siempre habrá quien te nombre
quien diga que soy
que no puedo
como si tuviera el mundo en las falanges
No respondo
no hay caso
donde el juez no hay réplica
Si hago bien
mal
quién puede saber
acaso tú
Uno sabe
pero se olvida de que sabe
No comprendes
pero ya lo vives
lo sientes
Cómo puedo escribir de amor
con tu llanto ensombreciéndome las musas
Yo comprendo que no entiendes
que no te importa
Sólo apelo a la cordura
a los momentos
en que me reconozco sola
Cómo quieres que te escriba un poema
si no me dejas inspirarlo
...
…¿De quién sino del miedo
es sombra el hombre?...
Ángel Carlos Sánchez
es sombra el hombre?...
Ángel Carlos Sánchez
Siempre habrá quien te nombre
quien diga que soy
que no puedo
como si tuviera el mundo en las falanges
No respondo
no hay caso
donde el juez no hay réplica
Si hago bien
mal
quién puede saber
acaso tú
Uno sabe
pero se olvida de que sabe
No comprendes
pero ya lo vives
lo sientes
miércoles, 16 de abril de 2008
Señito, es que no mi-hallo.
Y dale con lo de las empleadas domesticas. Cuanta gente hay que las defiende, sí, son seres humanos, tienen derechos, vida propia; pero ¿qué nadie les enseñó a pensar? o de plano son tan inteligentes que nos ven la cara de pendejos. Para quienes no sepan, tengo una hija pequeña y trabajo todo el santo día, así que soy del grupo de mujeres que se ven forzadas a recurrir a los servicios de las empleadas domesticas, mejor conocidas como chachas (sin agravio) y la última que tuvo a bien legar a mi casa fue todo un acontecimiento. Muchachita de 17 años con más vida amorosa que su servilleta, un look entre lolitesco y Boteriano y las ganas de trabajar de cigarra de fabula.
Llegó hace unos mese a mi casa por un anuncio en los clasificados, muy contenta dijo llenar los requisitos y aceptó gustosa la paga que se le ofreció.
Al principio, todo era miel sobre hojuelas, llegar a casa y encontrarla limpia, al piojo (mi hija para quienes no sepan) bañado, cenado y dormido; todo en orden, llegó el primer sábado, día de raya, le pagué y se fue contenta –nos vemos el lunes- yo rezando porque regresara tal como lo había prometido. Llegó el lunes: las seis, las siete, las ocho; justo al filo de las nueve, ya resignada a llevarme a Sam a la oficina, suena mi telefono -Seño, estoy en la cola del taxi (habrá que acotar que la mentada estación de autobuses queda como a tres cuadras de mi casa), ya voy para allá- me lleva, pues te dejo la llave con la vecina y vas por la niña a la escuela, en la tarde hablamos. –si señora, como asté diga- bueno, por lo menos no se había rajado a la primera semana.
Pasó la segunda sin mayores contratiempos, hasta el jueves (para acabar, media quincena) –que ya no hay nada en el refri- pero si acabo de ir al super, ¿y las dos cajas de cereal? ¿el pollo? ¿los huevos? ¿la fruta? Todo, y vamos, tengo una hija de cuatro no un pelotón de regimiento; pues resulta que la señorita tenía la sana costumbre de sentarse desde las dos de la tarde y fletarse toda la barra de telenovelas (que dura hasta las once) con una caja de cereal, cinco plátanos, tres peras y los restos del guisado de la tarde, pero si me sale mas cara que un marido. Bueno, algún precio extra hay que pagar por que me lave las tres garras que ensuciamos al día.
Hasta ahí la cosa no andaba del todo mal, pero no debí cantar tan rápido victoria, imaginen, medio bohemia y floja que es una, y recibir una llamada a las 6 de la mañana en sábado, encima, -amor- ¿con quien desea hablar? –hay perdón, ¿se encuentra Susilita? No, se fue hace diez minutos, -¿le podría decir que le habló su novio?- Sí, yo le digo; pero le digo que si me vuelven a despertar, el novio, la mamá o la chingada a semejantes deshoras en fin de semana, la demando por daños y perjuicios. Bueno, en realidad lo pensé; no me vaya a dejar botada la chamba para la siguiente semana.
Y así comenzó lentamente mi dolor, primero, las compras que antes duraban mas de quince días hoy no alcanzan ni para la semana, y cada que llego a casa es pelear. Que si el baño, la sala, el cuarto de las niñas, nada está donde se supone debería; que le voy a hacer, al menos vigila a la niña.
Al cabo de un mes, la señorita estaba ya instaladísima en la sala, los controles de la televisión y el DVD (únicos de la casa) no podían estar a más de cincuenta centímetros de distancia de sus suaves y tersísimas manos de princesa (cosa que me demostró el empeño de la muchachita por los quehaceres domésticos.
Pasado el primer bimestre, la cosa llegó al punto que debía evitar estar en casa para no molestar a la señorita, no fuera a ser que el lunes siguiente se olvidara de llegar a casa y me partiera la vida en dos.
Pero fue hasta hace un mes que el dulce pan en el que a veces se convierte su servilleta, se llenó de lama verde y acabó por indigestar.
Llegó el sábado, Susilita, aquí tienes tu dinero, y pues muchas gracias, pero ya no necesito de tus servicios, -Entiendo seño- y trata de cambiar tu actitud nena, si quieres durar en un lugar. –si señora, comasté diga-
Y bueno, se supone que yo, para esto, había encontrado no a una, sino a tres muchachas, que ahora sí se veían con ganas de trabajar. Oh sorpresa y decepción, ninguna llegó, así que ahora me tengo que dividir en para medio atender las dos vidas que me cargo.
Ayer me dijo una amiga, ya para acabar, se me hace que la Susi te está haciendo brujería y vas a acabar recontratándola –que te operen- ¿y si sí?
Llegó hace unos mese a mi casa por un anuncio en los clasificados, muy contenta dijo llenar los requisitos y aceptó gustosa la paga que se le ofreció.
Al principio, todo era miel sobre hojuelas, llegar a casa y encontrarla limpia, al piojo (mi hija para quienes no sepan) bañado, cenado y dormido; todo en orden, llegó el primer sábado, día de raya, le pagué y se fue contenta –nos vemos el lunes- yo rezando porque regresara tal como lo había prometido. Llegó el lunes: las seis, las siete, las ocho; justo al filo de las nueve, ya resignada a llevarme a Sam a la oficina, suena mi telefono -Seño, estoy en la cola del taxi (habrá que acotar que la mentada estación de autobuses queda como a tres cuadras de mi casa), ya voy para allá- me lleva, pues te dejo la llave con la vecina y vas por la niña a la escuela, en la tarde hablamos. –si señora, como asté diga- bueno, por lo menos no se había rajado a la primera semana.
Pasó la segunda sin mayores contratiempos, hasta el jueves (para acabar, media quincena) –que ya no hay nada en el refri- pero si acabo de ir al super, ¿y las dos cajas de cereal? ¿el pollo? ¿los huevos? ¿la fruta? Todo, y vamos, tengo una hija de cuatro no un pelotón de regimiento; pues resulta que la señorita tenía la sana costumbre de sentarse desde las dos de la tarde y fletarse toda la barra de telenovelas (que dura hasta las once) con una caja de cereal, cinco plátanos, tres peras y los restos del guisado de la tarde, pero si me sale mas cara que un marido. Bueno, algún precio extra hay que pagar por que me lave las tres garras que ensuciamos al día.
Hasta ahí la cosa no andaba del todo mal, pero no debí cantar tan rápido victoria, imaginen, medio bohemia y floja que es una, y recibir una llamada a las 6 de la mañana en sábado, encima, -amor- ¿con quien desea hablar? –hay perdón, ¿se encuentra Susilita? No, se fue hace diez minutos, -¿le podría decir que le habló su novio?- Sí, yo le digo; pero le digo que si me vuelven a despertar, el novio, la mamá o la chingada a semejantes deshoras en fin de semana, la demando por daños y perjuicios. Bueno, en realidad lo pensé; no me vaya a dejar botada la chamba para la siguiente semana.
Y así comenzó lentamente mi dolor, primero, las compras que antes duraban mas de quince días hoy no alcanzan ni para la semana, y cada que llego a casa es pelear. Que si el baño, la sala, el cuarto de las niñas, nada está donde se supone debería; que le voy a hacer, al menos vigila a la niña.
Al cabo de un mes, la señorita estaba ya instaladísima en la sala, los controles de la televisión y el DVD (únicos de la casa) no podían estar a más de cincuenta centímetros de distancia de sus suaves y tersísimas manos de princesa (cosa que me demostró el empeño de la muchachita por los quehaceres domésticos.
Pasado el primer bimestre, la cosa llegó al punto que debía evitar estar en casa para no molestar a la señorita, no fuera a ser que el lunes siguiente se olvidara de llegar a casa y me partiera la vida en dos.
Pero fue hasta hace un mes que el dulce pan en el que a veces se convierte su servilleta, se llenó de lama verde y acabó por indigestar.
Llegó el sábado, Susilita, aquí tienes tu dinero, y pues muchas gracias, pero ya no necesito de tus servicios, -Entiendo seño- y trata de cambiar tu actitud nena, si quieres durar en un lugar. –si señora, comasté diga-
Y bueno, se supone que yo, para esto, había encontrado no a una, sino a tres muchachas, que ahora sí se veían con ganas de trabajar. Oh sorpresa y decepción, ninguna llegó, así que ahora me tengo que dividir en para medio atender las dos vidas que me cargo.
Ayer me dijo una amiga, ya para acabar, se me hace que la Susi te está haciendo brujería y vas a acabar recontratándola –que te operen- ¿y si sí?
lunes, 31 de marzo de 2008
miércoles, 26 de marzo de 2008
SMS ( Soneto medio soneto)
Hay pisadas que se oyen desde lejos,
otras que están marcando territorio.
Hay pisadas que toman por sorpresa
y las tuyas, que suenan a canción.
Hay pisadas que buscan una huella,
otras que se trasmutan en sendero.
Hay pisadas que suben por la espalda
y las tuyas, que van al corazón.
Hay pisadas como eco del destino,
hay otras que marchitan lo que tocan
y otras que son, para el amor, camino.
Hay pisadas de vida, otras de instante.
Hay pisadas de amor, como de guerra.
Hay pisadas que van; otras, regresan.
otras que están marcando territorio.
Hay pisadas que toman por sorpresa
y las tuyas, que suenan a canción.
Hay pisadas que buscan una huella,
otras que se trasmutan en sendero.
Hay pisadas que suben por la espalda
y las tuyas, que van al corazón.
Hay pisadas como eco del destino,
hay otras que marchitan lo que tocan
y otras que son, para el amor, camino.
Hay pisadas de vida, otras de instante.
Hay pisadas de amor, como de guerra.
Hay pisadas que van; otras, regresan.
sábado, 15 de marzo de 2008
texto de...
Javier Cercas, “¿Por qué escribir?”;
El País Semanal, 11 de marzo de 2007
Escribo porque me encanta que me pregunten por qué escribo. Escribo porque me aburro y porque si no escribiera me aburriría muchísimo más. Escribo porque escribir no sirve absolutamente para nada y sin embargo mientras escribo tengo la absoluta seguridad de que sirve absolutamente para todo. Escribo porque absolutamente nada tiene ningún sentido y sin embargo mientras escribo absolutamente todo parece tener un sentido absoluto. Escribo para leer mejor y también para dejar de vez en cuando de leer, porque el mucho leer embota (esto último lo dijo Nietzsche, que escribía pensamientos paseados). Escribo para escribir algún día un libro paseado. Escribo porque a los ocho años leí Pimpinela escarlata y desde entonces no he hecho otra cosa que intentar plagiar esa novela. Escribo porque a los 15 años yo era un salido y un día otro salido que además era un cabrón me dijo que escribiendo se ligaba, y cuando descubrí que me había engañado ya era demasiado tarde para quitarme el vicio. Escribo porque a los 15 años yo tenía una profesora radiante: un día la interrumpí en clase al grito de que estaba buenísima y ella, que estaba explicando a Borges, me expulsó de clase y yo me impuse como penitencia la lectura de las obras completas de Borges, cosa que todavía no he terminado de hacer y que no creo que termine de hacer nunca, porque en realidad es imposible. De más está decir que escribo porque a partir de los 15 años no me ha pasado absolutamente nada que tenga algún interés. Escribo porque me pagan por escribir tonterías. Escribo porque todavía no he encontrado una forma más decente de ganarme la vida. Escribo (me explico) porque no sé hacer nada útil, ni siquiera atarme los cordones de los zapatos: si supiera curar a los enfermos, no escribiría; si supiera rematar en plancha un libre indirecto, créanme, no escribiría. Escribo porque sí y porque me da la gana, y a quien le parezca mal que me lo diga en la calle. Escribo para poder pensar (esto, creo, lo dijo Cabrera Infante). Escribo porque cuando escribo tengo la impresión acusadísima de que soy una persona inteligente y también de que todos los que me rodean son todavía más inteligentes que yo, sólo que ellos no se dan cuenta.Escribo para que me lea mi madre, que es la única que me leía cuando no me leía nadie y la única que me leerá cuando ya nadie me lea (¡un abrazo, mamá!). Escribo para que me lean dos tipos que están muertos y dos o tres que todavía están vivos. Escribo para que me lea usted (¡sí, usted, el de la tercera fila, no se esconda!). Escribo porque escribo como Dios (esto, Dios me perdone, es mentira). Escribo porque no creo en Dios. Escribo porque en un mundo sin Dios, escribir, como reírse (pero esto lo dijo Kafka), es casi una obligación moral, o quizá metafísica. Escribo para llevar la contraria, pero todavía no he descubierto a quién. Escribo para entender cosas que sé que no hay manera humana de entender, con la esperanza de que ese esfuerzo fracasado por entenderlas sea ya una forma de entenderlas. Escribo porque la vida es una mierda, y los hombres, un hatajo de indeseables y de cobardes, pero cuando escribo salgo a la calle cantando canciones tirolesas y sintiéndome John Wayne y con ganas de abrazarme al primero que pasa y echarme a llorar de tristeza en su cuello. Escribo porque si no escribiera no tendría ni un solo motivo para respetarme, muy pocos para levantarme por la mañana y casi todos para convertirme en un peligrosísimo oligofrénico, de lo que se deduce que el Estado debería subvencionarme para que siguiera escribiendo. (No escribo, por cierto, para que me quieran más: las personas que me quieren me querrían igual si no escribiera, y las personas que no me quieren no me querrían ni aunque dejase de escribir). Escribo para joder a los que no quieren que escriba y para alegrar a los que quieren que siga escribiendo. Escribo porque, entre nosotros, escribir mola (esto, seguro, debió de decirlo alguien, probablemente un chino). Escribo por todas estas cosas y por muchísimas más. En realidad, escribo por casi todo, porque cualquier excusa es buena para escribir. A veces (Dios me perdone) he llegado incluso a escribir para hacerles creer a quienes me leen que no quiero que me pregunten nunca más por qué escribo.
El País Semanal, 11 de marzo de 2007
Escribo porque me encanta que me pregunten por qué escribo. Escribo porque me aburro y porque si no escribiera me aburriría muchísimo más. Escribo porque escribir no sirve absolutamente para nada y sin embargo mientras escribo tengo la absoluta seguridad de que sirve absolutamente para todo. Escribo porque absolutamente nada tiene ningún sentido y sin embargo mientras escribo absolutamente todo parece tener un sentido absoluto. Escribo para leer mejor y también para dejar de vez en cuando de leer, porque el mucho leer embota (esto último lo dijo Nietzsche, que escribía pensamientos paseados). Escribo para escribir algún día un libro paseado. Escribo porque a los ocho años leí Pimpinela escarlata y desde entonces no he hecho otra cosa que intentar plagiar esa novela. Escribo porque a los 15 años yo era un salido y un día otro salido que además era un cabrón me dijo que escribiendo se ligaba, y cuando descubrí que me había engañado ya era demasiado tarde para quitarme el vicio. Escribo porque a los 15 años yo tenía una profesora radiante: un día la interrumpí en clase al grito de que estaba buenísima y ella, que estaba explicando a Borges, me expulsó de clase y yo me impuse como penitencia la lectura de las obras completas de Borges, cosa que todavía no he terminado de hacer y que no creo que termine de hacer nunca, porque en realidad es imposible. De más está decir que escribo porque a partir de los 15 años no me ha pasado absolutamente nada que tenga algún interés. Escribo porque me pagan por escribir tonterías. Escribo porque todavía no he encontrado una forma más decente de ganarme la vida. Escribo (me explico) porque no sé hacer nada útil, ni siquiera atarme los cordones de los zapatos: si supiera curar a los enfermos, no escribiría; si supiera rematar en plancha un libre indirecto, créanme, no escribiría. Escribo porque sí y porque me da la gana, y a quien le parezca mal que me lo diga en la calle. Escribo para poder pensar (esto, creo, lo dijo Cabrera Infante). Escribo porque cuando escribo tengo la impresión acusadísima de que soy una persona inteligente y también de que todos los que me rodean son todavía más inteligentes que yo, sólo que ellos no se dan cuenta.Escribo para que me lea mi madre, que es la única que me leía cuando no me leía nadie y la única que me leerá cuando ya nadie me lea (¡un abrazo, mamá!). Escribo para que me lean dos tipos que están muertos y dos o tres que todavía están vivos. Escribo para que me lea usted (¡sí, usted, el de la tercera fila, no se esconda!). Escribo porque escribo como Dios (esto, Dios me perdone, es mentira). Escribo porque no creo en Dios. Escribo porque en un mundo sin Dios, escribir, como reírse (pero esto lo dijo Kafka), es casi una obligación moral, o quizá metafísica. Escribo para llevar la contraria, pero todavía no he descubierto a quién. Escribo para entender cosas que sé que no hay manera humana de entender, con la esperanza de que ese esfuerzo fracasado por entenderlas sea ya una forma de entenderlas. Escribo porque la vida es una mierda, y los hombres, un hatajo de indeseables y de cobardes, pero cuando escribo salgo a la calle cantando canciones tirolesas y sintiéndome John Wayne y con ganas de abrazarme al primero que pasa y echarme a llorar de tristeza en su cuello. Escribo porque si no escribiera no tendría ni un solo motivo para respetarme, muy pocos para levantarme por la mañana y casi todos para convertirme en un peligrosísimo oligofrénico, de lo que se deduce que el Estado debería subvencionarme para que siguiera escribiendo. (No escribo, por cierto, para que me quieran más: las personas que me quieren me querrían igual si no escribiera, y las personas que no me quieren no me querrían ni aunque dejase de escribir). Escribo para joder a los que no quieren que escriba y para alegrar a los que quieren que siga escribiendo. Escribo porque, entre nosotros, escribir mola (esto, seguro, debió de decirlo alguien, probablemente un chino). Escribo por todas estas cosas y por muchísimas más. En realidad, escribo por casi todo, porque cualquier excusa es buena para escribir. A veces (Dios me perdone) he llegado incluso a escribir para hacerles creer a quienes me leen que no quiero que me pregunten nunca más por qué escribo.
jueves, 13 de marzo de 2008
lecturas
Me gusta tener amigos poetas y uno que otro narrador. Me gusta que me lean mis amigos aunque me critiquen y mas me gusta auto criticarme en las lecturas de otros.
Me gusta leer sin ponerme a pensar en como o cuando fue escrito lo que leo, incluso me vale un chícharo si lo que tengo en frente sea la traducción gachupina de un novelón de la generación Beat (esto lo digo como mera lectora de ocasión)
Adoro las tardes de primavera sentada al pie de un árbol y peleando con un ejercito de hormigas, siempre y cuando me acompañe Monterroso o Moupassant.
Para el estrés lo mejor es Héctor Carreto, mientras que no hay como Neruda para el amor y Bukowski para tirarse a la lona.
Lo confieso, me gustan las novelas de Isabel Allende aunque sólo sea por ese olor a tierra húmeda que me inspiran, también los chistes de Condorito y las puntadas de Homero Simpson.
No he leído a Pellicer en forma, pero coincido en que la iguana y yo somos amigos verdes. Me vale que un poeta laureado le eche mierda a Benedetti, lo digo con orgullo, me he corrido con uno que otro poema.
Y puedo cantar las del Sabina (algunas, no todas) y las horas pasaban de prisa, entre el humo y la risa… de sor Juana solo lo básico, y de Vallejo me quedo con de algún pan que en la puerta del horno se nos quema, y que Trilce siga guardado en el cajón. De mujeres, la Rosario, por decreto, Elisa Ramírez Castañeda por casas siderales, Silvia Tomaza, Pizarnik, alfonsina y otras tantas… todas una y a la vez ninguna, todas tiempo, magia, sexo, amor-odio, reflexión.
Hay otros de los que no me acuerdo, como Antonio Plaza y Machado, creo que los leí muy joven.
Pero si he de deberle esto a alguien, se lo debo al señor Sabines.
Hay Tarumba!
Me gusta leer sin ponerme a pensar en como o cuando fue escrito lo que leo, incluso me vale un chícharo si lo que tengo en frente sea la traducción gachupina de un novelón de la generación Beat (esto lo digo como mera lectora de ocasión)
Adoro las tardes de primavera sentada al pie de un árbol y peleando con un ejercito de hormigas, siempre y cuando me acompañe Monterroso o Moupassant.
Para el estrés lo mejor es Héctor Carreto, mientras que no hay como Neruda para el amor y Bukowski para tirarse a la lona.
Lo confieso, me gustan las novelas de Isabel Allende aunque sólo sea por ese olor a tierra húmeda que me inspiran, también los chistes de Condorito y las puntadas de Homero Simpson.
No he leído a Pellicer en forma, pero coincido en que la iguana y yo somos amigos verdes. Me vale que un poeta laureado le eche mierda a Benedetti, lo digo con orgullo, me he corrido con uno que otro poema.
Y puedo cantar las del Sabina (algunas, no todas) y las horas pasaban de prisa, entre el humo y la risa… de sor Juana solo lo básico, y de Vallejo me quedo con de algún pan que en la puerta del horno se nos quema, y que Trilce siga guardado en el cajón. De mujeres, la Rosario, por decreto, Elisa Ramírez Castañeda por casas siderales, Silvia Tomaza, Pizarnik, alfonsina y otras tantas… todas una y a la vez ninguna, todas tiempo, magia, sexo, amor-odio, reflexión.
Hay otros de los que no me acuerdo, como Antonio Plaza y Machado, creo que los leí muy joven.
Pero si he de deberle esto a alguien, se lo debo al señor Sabines.
Hay Tarumba!
jueves, 28 de febrero de 2008
No pretendo que esto sea un poema,
Es mas, ni siquiera me importa si tiene tempo ni ritmo
no quiero leer lo que va saliendo con el paso de mis dedos por el teclado, solo quiero exorcizar mis pensamientos, vaciarme de todos los dolores que me albergan, hasta encontrar la raíz del sentimiento que me llevó a hacer esto.
No me interesa si hago esto por un rostro, por un poema, por un susurro en medio del gozo.
En realidad creo que lo hago por todos y por nadie, por la poesía que nunca había sentido en mi piel con tanta fuerza como la conocí ayer.
Estoy hasta la madre de llevar poemas al taller, de que unos me digan que no sirvo y nunca me digan por que, de la burocracia, del proselitismo de mierda que me corroe y de no saberme yo, más que a través de otros.
Tengo miedo, tengo sueño, tengo hambre, sed y frío.
Se que para unos no represento nada, y que para otros soy sólo menos que aprendiz, no me importa, así como tampoco me importa ser la revelación que la poesía latinoamericana estaba esperando, sólo quiero, de ser posible, que algún incauto me publique un libro, y que otro incauto lo compre, y otro mas se lo pida prestado, y despertar una emoción en el.
Tengo mucho que contar, debo comenzar por eso, debo leer como cuentan sus historias los demás, y escuchar los ritmos de la vida.
Tengo hambre de hablar, pero ahora debo quedarme callada, si quiero comenzar a escribir en serio debo guardarme las palabras.
No se trata de economizar el lenguaje como si no hubiera para más, pero si de tener mesura con las grandilocuencias, enfatizar los lugares comunes y abreviar en los discursos que no llevan a nada.
Tengo que invertir más en libros, leer cosas que antes no leía, y a los de cajón que siempre evito. Debo comprarme un diccionario, poner orden en mi ortografía, comenzar a usar la correcta puntuación y la gramática.
no quiero leer lo que va saliendo con el paso de mis dedos por el teclado, solo quiero exorcizar mis pensamientos, vaciarme de todos los dolores que me albergan, hasta encontrar la raíz del sentimiento que me llevó a hacer esto.
No me interesa si hago esto por un rostro, por un poema, por un susurro en medio del gozo.
En realidad creo que lo hago por todos y por nadie, por la poesía que nunca había sentido en mi piel con tanta fuerza como la conocí ayer.
Estoy hasta la madre de llevar poemas al taller, de que unos me digan que no sirvo y nunca me digan por que, de la burocracia, del proselitismo de mierda que me corroe y de no saberme yo, más que a través de otros.
Tengo miedo, tengo sueño, tengo hambre, sed y frío.
Se que para unos no represento nada, y que para otros soy sólo menos que aprendiz, no me importa, así como tampoco me importa ser la revelación que la poesía latinoamericana estaba esperando, sólo quiero, de ser posible, que algún incauto me publique un libro, y que otro incauto lo compre, y otro mas se lo pida prestado, y despertar una emoción en el.
Tengo mucho que contar, debo comenzar por eso, debo leer como cuentan sus historias los demás, y escuchar los ritmos de la vida.
Tengo hambre de hablar, pero ahora debo quedarme callada, si quiero comenzar a escribir en serio debo guardarme las palabras.
No se trata de economizar el lenguaje como si no hubiera para más, pero si de tener mesura con las grandilocuencias, enfatizar los lugares comunes y abreviar en los discursos que no llevan a nada.
Tengo que invertir más en libros, leer cosas que antes no leía, y a los de cajón que siempre evito. Debo comprarme un diccionario, poner orden en mi ortografía, comenzar a usar la correcta puntuación y la gramática.
martes, 29 de enero de 2008
Diario de una joven gata
Dicen que uno no escoge a su gato sino que el gato lo escoge a uno. Y eso es lo que podría explicar los acontecimientos del domingo pasado.
Caminaba por la calle mas solitaria del centro “histérico” de la ciudad buscando algo para aplacar la tripa dominguera cuando al pasar por el “jaguar” (para mis lectores fuera del estado el jaguar es como se le conoce a una galería de arte treintagenaria del centro esta ciudad de las dos mentiras) me percato de la presencia friolenta y tristona de un gatito que no debe pasar de los 6 meses muy mal vividos y me detengo para observarlo, a lo que este responde arrimándoseme a las piernas como marinero a la proa de un barco hundiéndose.
Lo acaricio y le digo algo que parece haber entendido a la perfección pues responde al instante con un maullido de tristeza y abandono, le pregunto si quiere ir conmigo y lo dejo en el suelo. Comenzó a seguirme un par de cuadras, hasta que los autos me dieron escalofríos y decidí cargarla.
Resulta que no es gato sino gata, que tiene una gripe del carajo y un hambre de varios días. La llevo a la casa como quien se le ha robado una pierna de cerdo al carnicero y la escondo dentro de mi suéter.
Como siempre en la cocina no hay nada decente para un humano y menos para una felina con severos rasgos de desnutrición, así que me sumerjo entre las latas de frijol y chiles hasta encontrar una de sardinas rezago de la inundación.
La señorita comió como si me odiara y luego fue a instalarse en la cobija de mi cama.
Ahora me siento una visita de mi casa, mientras mi nueva gata se aclimata a su nuevo hogar y yo me acurruco en una orilla de su cama.
Caminaba por la calle mas solitaria del centro “histérico” de la ciudad buscando algo para aplacar la tripa dominguera cuando al pasar por el “jaguar” (para mis lectores fuera del estado el jaguar es como se le conoce a una galería de arte treintagenaria del centro esta ciudad de las dos mentiras) me percato de la presencia friolenta y tristona de un gatito que no debe pasar de los 6 meses muy mal vividos y me detengo para observarlo, a lo que este responde arrimándoseme a las piernas como marinero a la proa de un barco hundiéndose.
Lo acaricio y le digo algo que parece haber entendido a la perfección pues responde al instante con un maullido de tristeza y abandono, le pregunto si quiere ir conmigo y lo dejo en el suelo. Comenzó a seguirme un par de cuadras, hasta que los autos me dieron escalofríos y decidí cargarla.
Resulta que no es gato sino gata, que tiene una gripe del carajo y un hambre de varios días. La llevo a la casa como quien se le ha robado una pierna de cerdo al carnicero y la escondo dentro de mi suéter.
Como siempre en la cocina no hay nada decente para un humano y menos para una felina con severos rasgos de desnutrición, así que me sumerjo entre las latas de frijol y chiles hasta encontrar una de sardinas rezago de la inundación.
La señorita comió como si me odiara y luego fue a instalarse en la cobija de mi cama.
Ahora me siento una visita de mi casa, mientras mi nueva gata se aclimata a su nuevo hogar y yo me acurruco en una orilla de su cama.
martes, 15 de enero de 2008
Primera parada.
Comenzar a escribir es casi como cortejar a un desconocido.
Primero lo miras a la distancia para medir su posible interés de fondo, luego viene el contacto visual y el lenguaje corporal que muchas veces dice más que las palabras,
Vas tanteando el terreno hasta que esta preparado para un primer arribo interpersonal.
Muy parecido es el acto de escribir, primero haces contacto visual con la hoja en blanco, escribes algunas palabras sueltas, borras estas y recomienzas un par de ocasiones, hasta que se encuentra lista para comenzar el affaire con el texto.
Cuanto mas cerca estoy de la verdad más confundida me encuentro…
Busco entre las muestras de mi gente un punto en común donde pueda comenzar el desarrollo de este tema que me tiene sin poder dormir…
Las mujeres de 20 años en la actualidad son un tanto vacías y dadas a la vanalidad,
Decía una amiga que no confiaba en las mujeres que usan zapatos de tacón…
Que mas puedo agregar a todo esto?¿es acaso el distanciamiento propio de mi como individuo ante una generación a la que me niego a pertenecer?
¿Qué es la atemporalidad?
Creo que debo comenzar por eso… el echo esta en que no estoy dentro de una generación establecida sino que deambulo de una a otra con influencias de por medio.
Dejo estas primeras preguntas,
Esperan su respuesta…
Primero lo miras a la distancia para medir su posible interés de fondo, luego viene el contacto visual y el lenguaje corporal que muchas veces dice más que las palabras,
Vas tanteando el terreno hasta que esta preparado para un primer arribo interpersonal.
Muy parecido es el acto de escribir, primero haces contacto visual con la hoja en blanco, escribes algunas palabras sueltas, borras estas y recomienzas un par de ocasiones, hasta que se encuentra lista para comenzar el affaire con el texto.
Cuanto mas cerca estoy de la verdad más confundida me encuentro…
Busco entre las muestras de mi gente un punto en común donde pueda comenzar el desarrollo de este tema que me tiene sin poder dormir…
Las mujeres de 20 años en la actualidad son un tanto vacías y dadas a la vanalidad,
Decía una amiga que no confiaba en las mujeres que usan zapatos de tacón…
Que mas puedo agregar a todo esto?¿es acaso el distanciamiento propio de mi como individuo ante una generación a la que me niego a pertenecer?
¿Qué es la atemporalidad?
Creo que debo comenzar por eso… el echo esta en que no estoy dentro de una generación establecida sino que deambulo de una a otra con influencias de por medio.
Dejo estas primeras preguntas,
Esperan su respuesta…
Entrevista con Jair Cortés
(entrevista realizada en Enero del 2007)
Jaír Cortés Montes nació en Tlaxcala en 1977, pero su infancia y parte de su adolescencia la vivió en Tuxpan Veracruz, donde se inició en el camino de las letras.
Premio Poesía Joven Tamaulipas 1999 y Premio de Poesía Dolores Castro del ITC. Aparece en varias antologías de poesía mexicana, entre ellas Creación joven 1979-1999 (CONACULTA-Secretaría Cultura del Edo. de Jal. Autor de más de diez títulos de poesía, como A la luz de la sangre (FETA, 1999) y Tormental (ITC-Universidad Iberoamericana, 2002).
Ha dedicado parte importante de su tiempo en la promoción de la lectura y la difusión de la literatura en diversas partes del territorio mexicano.
¿De que manera sirves a la poesía?
Quizá sea muy pronto o este yo demasiado cerca de mi obra como para poder saber que es lo que he agregado, pero lo que si creo que he agregado es una voluntad por lo menos de tener una conciencia critica y de oficio del escritor. –Señala.
Así mismo reconoce su labor de difusión. –He dado clase en centros de rehabilitación social, en hospitales, comunidades marginadas.
Y a la inversa, ¿que te ha dado a ti la poesía?
La forma en la que yo veo el mundo esta hecha a través de la poesía, mas que un cristal… es una parte esencial en mi forma de vislumbrar las cosas. –Apunta el autor que la poesía le ha ayudado a comprender muchos procesos de la vida cotidiana. En sus propias palabras: “combina inteligencia y emoción. Esta presente en la formas en las que yo aspiro a cambiar”
Habla también del discurso que se puede entablar con autores todas las épocas mediante a la obra que dejaron. “la libertad radica en liberarse de las cadenas del tiempo”
Retomando el termino de dialogo, ¿como es tu dialogo dentro de la poesía?
Tiene que ver con un proceso critico, pero sobre todo emotivo e intelectual… me refiero a todo lo que tiene que ver con mis emociones, con mis sensaciones, con el mundo sensorial y sensacional…cita al poeta Jorge Ortega, quien decía que leer a otro poeta es como frotar dos piedras que echan chispas y encontrarla capacidad de incendio que pudieran tener.
Háblame de Tuxpan.
Tuxpan es un lugar al que yo le tengo mucho cariño; es un lugar que está presente en casi toda mi poesía… está el elemento del río, de la gente de la condición del habla natural de las personas que viven ahí. De Tuxpan son dos poetas muy importante que ha dado la literatura mexicana, como es Manuel Maple Sarse; quien perteneció a un movimiento importante de la vanguardia mexicana, que fue el movimiento estridentista. Y en 1950 nace un poeta que se llama José Luís Rivas.
Apunta el autor de DISPERSARIO que Tuxpan es una zona mental siempre presente en su vida. –un mapa emotivo que tiene que ver con su geografía… pasé muchas de mis experiencias vitales cerca de la playa, (en) contacto con la naturaleza. -en pocas palabras, para Jair Tuxpan es “redescubrimiento y asombro”.
Jaír Cortés Montes nació en Tlaxcala en 1977, pero su infancia y parte de su adolescencia la vivió en Tuxpan Veracruz, donde se inició en el camino de las letras.
Premio Poesía Joven Tamaulipas 1999 y Premio de Poesía Dolores Castro del ITC. Aparece en varias antologías de poesía mexicana, entre ellas Creación joven 1979-1999 (CONACULTA-Secretaría Cultura del Edo. de Jal. Autor de más de diez títulos de poesía, como A la luz de la sangre (FETA, 1999) y Tormental (ITC-Universidad Iberoamericana, 2002).
Ha dedicado parte importante de su tiempo en la promoción de la lectura y la difusión de la literatura en diversas partes del territorio mexicano.
¿De que manera sirves a la poesía?
Quizá sea muy pronto o este yo demasiado cerca de mi obra como para poder saber que es lo que he agregado, pero lo que si creo que he agregado es una voluntad por lo menos de tener una conciencia critica y de oficio del escritor. –Señala.
Así mismo reconoce su labor de difusión. –He dado clase en centros de rehabilitación social, en hospitales, comunidades marginadas.
Y a la inversa, ¿que te ha dado a ti la poesía?
La forma en la que yo veo el mundo esta hecha a través de la poesía, mas que un cristal… es una parte esencial en mi forma de vislumbrar las cosas. –Apunta el autor que la poesía le ha ayudado a comprender muchos procesos de la vida cotidiana. En sus propias palabras: “combina inteligencia y emoción. Esta presente en la formas en las que yo aspiro a cambiar”
Habla también del discurso que se puede entablar con autores todas las épocas mediante a la obra que dejaron. “la libertad radica en liberarse de las cadenas del tiempo”
Retomando el termino de dialogo, ¿como es tu dialogo dentro de la poesía?
Tiene que ver con un proceso critico, pero sobre todo emotivo e intelectual… me refiero a todo lo que tiene que ver con mis emociones, con mis sensaciones, con el mundo sensorial y sensacional…cita al poeta Jorge Ortega, quien decía que leer a otro poeta es como frotar dos piedras que echan chispas y encontrarla capacidad de incendio que pudieran tener.
Háblame de Tuxpan.
Tuxpan es un lugar al que yo le tengo mucho cariño; es un lugar que está presente en casi toda mi poesía… está el elemento del río, de la gente de la condición del habla natural de las personas que viven ahí. De Tuxpan son dos poetas muy importante que ha dado la literatura mexicana, como es Manuel Maple Sarse; quien perteneció a un movimiento importante de la vanguardia mexicana, que fue el movimiento estridentista. Y en 1950 nace un poeta que se llama José Luís Rivas.
Apunta el autor de DISPERSARIO que Tuxpan es una zona mental siempre presente en su vida. –un mapa emotivo que tiene que ver con su geografía… pasé muchas de mis experiencias vitales cerca de la playa, (en) contacto con la naturaleza. -en pocas palabras, para Jair Tuxpan es “redescubrimiento y asombro”.
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